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Siete generaciones – Una empresa / Capítulo 6

La 6ª generación

Durante este año vamos a presentar en esta sección una sinopsis de las siete generaciones de la familia Wüsthof, que han intervenido hasta la fecha en el desarrollo empresarial. Después de haber visto cómo los Wüsthof consiguieron superar el final de la Segunda Guerra Mundial, nuestra historia continúa ahora con la 6ª generación familiar.

Eduard Robert, hijo del jefe sénior Robert, entró en la empresa ya en el año 1949. Primero se hizo cargo del área del área comercial de Alemania del norte, con posterioridad de los países escandinavos y Austria, de los que hizo unos pilares centrales de la exportación. Cuando el 1 de enero de 1960 se retiró Robert como jefe sénior de la dirección empresarial, le sustituyó su hijo Eduard Robert, llamado “júnior”.

Ese mismo día inició su trabajo Wolfgang, hijo de Hugo Eduard. Se concentró en los países de ultramar, por los que viajó sin descanso, primero con escaso, luego con creciente éxito.

Llegaron entonces nuevas ideas a la empresa. Pero antes de que pudiesen ponerse en práctica falleció Eduard Robert en 1975, demasiado joven, con tan solo 56 años de edad. Wolfgang Wüsthof se convirtió entonces socio con capacidad ejecutiva exclusiva.

Lo que se encontró fueron unas circunstancias complicadas o, expresado de otro modo, un imponente desafío:
edificios de la época del cambio de siglo y de los años 20 con maquinaria escasa y totalmente anticuada, un surtido de productos demasiado amplio, la amenaza de cierre por parte del Registro de Actividades Económicas (Gewerbeamt) a causa de martinetes no autorizados y un montón de deudas.

La fábrica del tridente en realidad no era tal, sino una gigantesca manofactura, en la que casi todo de fabricaba a mano. Y ese era precisamente el problema: el encarecimiento constante del trabajo manual. Por añadidura, se carecía de operarios especializados.

Si no se hubiese hecho nada, Ed. Wüsthof Dreizackwerk habría sido elegida como el museo industrial renano y no la planta de tijeras Hendrichs en Solingen-Merscheid. Por lo tanto, había que hacer algo… y se hizo. Y se empezó abordando la cuestión de la deuda empresarial. Mediante una férrea disciplina y la supresión de toda actividad no imprescindible fue posible satisfacer todos los compromisos bancarios en tres años hasta dejarlos en cero. Al mismo tiempo, se procedió a una reducción rigurosa del surtido.
Se cerró el departamento de producción de navajas.
Lo mismo sucedió con el departamento de producción de tijeras.
Se detuvo la producción de cubertería.
Ya no se aceptaron más negocios a comisión.
Los empleados de más edad se jubilaron, los más jóvenes accedieron al reciclaje profesional, pero nadie fue despedido.
Todos esperaban una drástica caída del volumen de negocio. Sin embargo, se produjo el caso contrario: ¡Las ventas y beneficios comenzaron a subir!

Especializarse es unos de los retos de las medianas empresas. Para la empresa del tridente ello implicaba concentración en un único grupo de artículos: cuchillos para uso doméstico y profesional, cuchillos de cocinero y cuchillos forjados de alta calidad.

No obstante, las viejas paredes de azulejo no eran las apropiadas para este nuevo concepto empresarial. Era necesario derribarlas paso a paso mientras la producción proseguía su curso. En un proceso constructivo de 7 fases surgió en el plazo de 10 años una factoría totalmente nueva y con una tecnología como hasta entonces no la había conocido la industria de la cuchillería. Llegaron los robots, surgieron líneas de producción. Cada año se invierte el 10% del volumen de negocio en nueva maquinaria y nuevos procedimientos. Esta regla es también hoy de aplicación.
Desde luego, ello ha supuesto una alta inversión, mucho dinero. Pero todos los bancos de Solingen, y en particular la Stadtsparkasse, han concedido créditos sin reservas. Con más rapidez de la esperada fue posible devolver en relativamente poco tiempo todos esos créditos, hasta su último céntimo.

Los cuchillos forjados de la serie CLASSIC han dejado una impronta única de éxito. Se han convertido en la insignia de la fábrica del tridente y son un símbolo de estatus de cocineros de todo el mundo.

El grandioso éxito no es mérito de una única persona, sino el resultado de la cohesión de un equipo directivo homogéneo.

En 1987 se fundó la primera sociedad filial. WUSTHOF-TRIDENT OF AMERICA INC. –con su sede original en Nueva York– era a partir de ese momento responsable de la venta en nuestro mercado de exportación más importante y voluminoso.
En el transcurso de los años siguientes, la Sociedad neoyorquina pudo absorber las representaciones de San Francisco y Minneapolis, hasta entonces aún independientes.

Wolfgang Wüsthof convirtió la vieja fábrica del tridente en una empresa de envergadura mundial. Lo que ahora le aguarda a esta empresa podréis averiguarlo enseguida en el siguiente capítulo: “La 7ª generación.”

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