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Siete generaciones – Una empresa / Capítulo 5

La 5ª generación

Durante este año vamos a presentar en esta sección una sinopsis de las siete generaciones de la familia Wüsthof, que han intervenido hasta la fecha en el desarrollo empresarial. En esta ocasión vamos a echar un vistazo a la 5ª generación.

En el año 1914, la empresa se encontraba ante un cambio radical debido a la retirada de Eduard por motivos de salud y al inesperado fallecimiento de Robert Wüsthof sénior. La tan hasta entonces exitosa empresa se había visto privada de sus dos figuras directrices. Sin embargo, no se quedó sin gerentes, ya que Robert dejó tras sí a 5 hijos, todos los cuales estaban dispuestos a seguir un camino que ya habían desbrozado con patente éxito las generaciones anteriores.
Con todo, la Primera Guerra Mundial exigió su tributo. Mientras que Robert, el mayor, se hizo cargo de la empresa a sus 27 años, sus cuatro hermanos menores, Artur, Bruno, Hugo Eduard y Erich, intervinieron en combates en distintos frentes de guerra.

Poco después de la conclusión de la Gran Guerra en 1918, los cinco hermanos retomaron activamente las interrumpidas relaciones con su clientela tradicional.
Cada uno de ellos supo encontrar su propio campo de actividad, mientras que Robert asumía la dirección general del negocio.

Al principio, los hermanos compartían todavía el antiguo espíritu empresarial. La fábrica experimentó entonces una notable ampliación. Surgieron nuevos departamentos: fabricación de mangos de madera, cubiertos de alpaca y un taller de cromado.
Y fue entonces, en los años 30, cuando se produjo el cambio revolucionario al acero inoxidable. Sin embargo, el control conjunto a cargo de cinco hermanos supuso también un punto muerto en la marcha empresarial debido a los bloqueos recíprocos. Aunque se emprendieron exitosos viajes de negocios en numerosos países, la ambición técnica por la innovación comenzó a decaer.

La personalidad más llamativa entre los hermanos era Hugo Eduard, un genio de los idiomas. Dominaba cinco lenguas y encontró su área principal de actividad en Italia. En los años 1928 y 1929 emprendió un viaje alrededor del mundo, que duraría casi un año. Algo similar a los que Julio Verne había descrito en su famosa novela.

Pero entonces estalló la Segunda Guerra Mundial. En vez de artículos de cuchillería fue necesario fabricar herraduras para botas, piezas forjadas para la Wehrmacht y componentes para la industria armamentística. En noviembre de 1944, la ciudad de Solingen fue casi íntegramente destruida por los bombardeo de la aviación británica.

En los solares de la empresa del tridente cayeron solo dos bombas, que ocasionaron únicamente desperfectos menores. Ese golpe de fortuna fue lo que permitió a los Wüsthof retomar la producción de artículos de cuchillería al término del conflicto bélico. Y lo hicieron con un considerable éxito, ya que la mayoría de sus competidores, los demás fabricantes de cuchillería, habían sufrido la destrucción de sus plantas en la guerra.

Sin embargo, lo que al principio parecía una ventaja, resultó ser en los años siguientes justo lo contrario: las fábricas destruidas fueron reconstruidas con ayuda del Plan Marshall y pronto llegaron a producir con más eficiencia que Wüsthof.

Con qué dificultades tuvo que enfrentarse la 6ª generación debido a todo ello, es algo que os exponemos en el siguiente capítulos de la historia de WÜSTHOF.

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